Mientras la madre de Erik luchaba contra el cáncer, fueron desahuciados. Después de su muerte, Erik pasó meses viviendo en un sofá, afligido y tratando de sobrevivir, hasta que recibió una noticia que lo cambió todo.
Tenía derecho a una vivienda subvencionada que podía permitirse en la ciudad de Mountain View. Esa estabilidad le dio la seguridad necesaria para explorar su propósito. Ahora trabaja en su comunidad, abogando por más viviendas para que otros no tengan que pasar por lo mismo que él.